El tracto respiratorio alberga múltiples comunidades microbianas autóctonas, desde las fosas nasales hasta los alvéolos pulmonares, encontrándose las concentraciones más altas en las vías respiratorias superiores.1
Esta microbiota contribuye a la defensa contra la colonización e infección por patógenos en la mucosa respiratoria y por tanto impide su avance a lo largo del tracto respiratorio. Las condiciones de aumento de la temperatura y la humedad relativa, así como las presiones parciales de oxígeno y dióxido de carbono con gradientes opuestos, afectan a poblaciones específicas que son características de cada nicho definido en este tramo.
La microbiota nasal es similar a la microbiota de la piel, en la que predominan Staphylococcus, Propionibacterium y Corynebacterium; la microbiota nasofaríngea es más variada y diversa, con presencia de Haemophilus y Streptococcus, así como géneros representativos de la región anterior.
En la orofaringe, las comunidades bacterianas también son diversas e incluyen Streptococcus, Neisseria y anaerobios como Veillonella y Prevotella, por su parte, la microbiota pulmonar, en condiciones saludables, está conformada por una comunidad transitoria de microorganismos de la nasofaringe y la orofaringe, como resultado del equilibrio entre los gérmenes que viajan a esta región y son eliminados posteriormente.1, 2
Se han identificado miembros específicos de la microbiota del nicho nasofaríngeo que pueden excluir activamente patógenos respiratorios, como la capacidad de S. epidermidis para excluir S. aureus a través de la secreción de serina – proteasas que eliminan las biopelículas creadas por el patógeno.1, 2
Otros componentes de la microbiota autóctona de las vías respiratorias superiores, como Dolosigranulum y Corynebacterium, se han asociado con la salud respiratoria y la exclusión de Streptococcus pneumoniae, en la misma línea, el predominio de Moraxella, Streptococcus y Haemophilus en la región nasofaríngea se ha visto asociado con infecciones respiratorias agudas en niños y riesgo de bronquiolitis y neumonía.1, 2
El crecimiento excesivo de una determinada especie bacteriana puede conducir a una reducción de la riqueza de la microbiota pulmonar y se ha asociado con la progresión de enfermedades como la fibrosis quística y las sobreinfecciones relacionadas con esta condición patológica, incluyendo la presencia de Bdellovibrio y Vampirovibrio, que podrían contribuir a controlar la colonización crónica del tracto respiratorio.1, 2
Eje gastrointestinal – respiratorio
Además de la administración localizada directa de especies microbianas o sus moléculas bioactivas protectoras a la mucosa respiratoria, la manipulación de las comunidades microbianas ubicadas en el tracto gastrointestinal distal está siendo estudiada desde hace varios años, como otro enfoque para el tratamiento de enfermedades respiratorias.2
El número de ensayos clínicos de suplementos de probióticos para tratar enfermedades respiratorias ha aumentado drásticamente en los últimos años, la mayoría de estos implican enfoques de administración oral, lo que sugiere que el microbioma intestinal regula, al menos en parte, la salud respiratoria.2
Aunque la mayor parte de los estudios se centran en eventos infecciosos agudos, se han demostrado mejoras similares en la salud respiratoria para enfermedades respiratorias crónicas como el asma y la fibrosis quística, tanto en modelos animales como en estudios clínicos.2
Otro mecanismo potencial que subyace al papel de la microbiota gastrointestinal en la modulación de las respuestas inmunitarias en sitios remotos del intestino distal es a través del metabolismo microbiano.2
Así las cosas, aunque enfermedades específicas del tracto respiratorio como la sinusitis crónica, pueden estar confinadas al nicho sinusal y resolverse simplemente mediante enfoques de restauración de microbios localizados, también es plausible que una estrategia adyuvante de suplementos orales de microbios e intervención dietética (para mantener la colonización por las especies introducidas) puede aumentar la eficacia y, en última instancia, mejorar los resultados a largo plazo de los pacientes.2
Este enfoque doble puede ser particularmente eficaz para los pacientes que han perdido especies microbianas gastrointestinales protectoras debido a la administración de múltiples ciclos de antimicrobianos orales o a la influencia de otros factores exógenos para controlar el problema a nivel de los senos paranasales.2
A la fecha no se han definido con precisión las cepas o especies útiles para suplementación microbiana en el tratamiento de enfermedades inflamatorias crónicas, sin embargo, hay una convergencia de evidencia que indica que las superficies mucosas sanas en el tracto respiratorio, gastrointestinal y vaginal están colonizadas por bacterias acidolácticas, que podrían actuar como especies pioneras para dar forma a los ecosistemas de dichas mucosas, permitiendo la colonización conjunta por especies filogenéticamente distintas que comparten atributos similares y promueven la homeostasis.2
En conclusión, de acuerdo con los expertos, a pesar de la falta de estudios clínicos de alta calidad metodológica sobre el papel de los probióticos en la salud respiratoria, la evidencia existente sugiere que su administración puede tener efectos beneficiosos en patologías respiratorias con alto componente inflamatorio, teniendo en cuenta su capacidad de modular el sistema inmunológico tanto directa como indirectamente.3