Introducción
Aunque muchos seres humanos consumen probióticos en su dieta habitual, la evaluación de seguridad se ha convertido en un asunto prioritario dado que nuevas cepas, de orígenes no convencionales y cepas probióticas modificadas genéticamente, se encuentran en diferentes etapas de comercialización.1
Adicionalmente, no hay muchos datos sobre los efectos adversos de los probióticos dada la escasez de estudios clínicos de base amplia y metodología rigurosa y la dificultad que existe para estandarizar las cepas y preparados que son utilizados en buena parte de las investigaciones realizadas.1
Para garantizar la seguridad de los probióticos, se debe prestar especial atención a varias propiedades que podrían volverse nocivas para las personas, incluyendo la transferencia de genes, la producción de metabolitos nocivos y la inmunomodulación antes de que la cepa se introduzca en el mercado de consumo.1
Otro elementos que requiere una consideración especial desde el punto de vista ético y biológico es la incorporación de probióticos en alimentos y piensos para animales y la probabilidad que las cepas utilizadas puedan “migrar” a los seres humanos, generando cambios inesperados en la microbiota de los mismos.1
Conceptos generales
La mayoría de las bacterias del ácido láctico, como los lactobacilos, los lactococos y las bifidobacterias, se reconocen como organismos aptos para alimentos en el contexto de su larga historia de uso seguro, con casos raros de implicación en infecciones y bacteriemia, principalmente a través de la translocación de la luz intestinal a la circulación sanguínea.1, 2
Varios estudios han revelado que los probióticos también se han aislado del pescado, la carne, los cereales, las frutas, las verduras, las legumbres y los productos lácteos, lo que sugiere que pueden formar parte de la microflora normal de estos alimentos, de consumo habitual en los seres humanos.1,2
El consumo de probióticos durante un período muy prolongado y la exposición humana segura, con muy pocos problemas de salud pública insignificantes, ha llevado a que la mayoría de las cepas de lactobacilos, en particular Lactococcus y Lactobacillus, se clasifiquen como “GRAS” (generalmente reconocidas como seguras).3
Además, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha otorgado a varias especies de Lactobacillus el estado de Presunción Cualificada de Seguridad (QPS), en función de sus criterios de evaluación de seguridad (establecimiento de identidad, conjunto de conocimientos, posible patogenicidad y uso final).3
En la actualidad, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha otorgado el estatus de QPS a 36 especies de Lactobacillus, entre las que se incluyen: L. acidophilus, L. amylolyticus, L. amylovorus, L. animalis, L. alimentarius, L. aviaries, L. brevis, L. buchneri , L. casei, L.cellobiosus, L. collinoides, L. coryniformis, L. crispatus, L. curvatus, L. delbrueckii, L. diolivorans, L. farciminis, L. fermentum, L. gallinarum, L. gasseri, L. helveticus, L. hilgardii, L. johnsonii, L. kefiranofaciens, L. kefiri, L. mucosae, L. panis, L. paracasei, L. paraplantarum, L. pentosus, L. plantarum, L. pontis, L. reuteri , L. rhamnosus, L. sakei, L. salivarius y L. sanfranciscensis.3
No obstante lo anterior, hay que recordar que la seguridad de los probióticos, en particular de las nuevas cepas, algunas sin documentación de seguridad establecida, debe evaluarse cuidadosamente, antes de que sean utilizadas para el consumo humano.1, 4
Después de todo, las bacterias acidolácticas probióticas son microorganismos viables y, al menos en teoría, pueden causar efectos perjudiciales en el huésped, incluyendo infecciones sistémicas, riesgo de actividades metabólicas nocivas, riesgo de efectos secundarios adyuvantes en el sistema inmunitario y riesgo de transferencia de genes.4
En todo caso, el ser humano en condiciones normales de salud, está protegido por capas de mecanismos constitutivos efectivos (superficies de la piel y mucosas; transferrina, fagocitos, complemento) y defensa específica (anticuerpos y células T citotóxicas) y la superficie de la mucosa gastrointestinal está cubierta por una gruesa capa de moco que ayuda a controlar la microflora normal y la contiene en sus sitios de residencia naturales, evitando la invasión del organismo a través del torrente sanguíneo.4, 5
Para completar un proceso de infección, es necesario que las células bacterianas estén dotadas de ciertos factores de virulencia que puedan promover su colonización, invasión y escape del complejo sistema de defensa del hospedero, habiéndose muchos factores de virulencia para los patógenos comunes, incluyendo la capacidad para degradar la mucina o liberar proteasas sIgA, motilidad y quimiotaxis, presencia de cápsulas o lipopolisacáridos, propiedades de adhesión bien desarrolladas y capacidad para escapar de la acción de atrapamiento de la capa de mucina.4, 5
En los lactobacilos, aunque tales factores virulentos no han sido reportados a la fecha, no se puede excluir completamente el potencial de cualquier microorganismo viable para causar una infección. Además, el potencial de adhesión de estas cepas a la mucosa intestinal y la posterior colonización se consideran pasos importantes para la patogenicidad porque pueden prolongar la persistencia en el intestino e implicar en bacteriemia.4, 5
En cualquier caso, tampoco se puede descartar por completo la posibilidad de que se introduzcan en el torrente sanguíneo por difusión pasiva o cualquier procedimiento invasivo en el intestino o la cavidad oral o que en determinadas circunstancias, como la inmunosupresión o los casos en que se interrumpe la permeabilidad intestinal, como en la colitis y otras afecciones inflamatorias, estas bacterias pueden cruzar la barrera intestinal y entrar en el torrente sanguíneo en grandes cantidades, causando infección.4, 5
De acuerdo con los expertos, los probióticos deberían ser extremadamente seguros y no deberían representar ningún riesgo para el huésped, sin embargo, antes de la administración en seres humanos, debe llevarse a cabo una evaluación minuciosa para detectar la presencia de cualquier tipo de características patogénicas o propiedades de virulencia.4, 5