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Microbiota en la infancia

La microbiota intestinal de la madre podría determinar el perfil transcripcional de la microbiota intestinal fetal, siendo importante destacar que el establecimiento de la microbiota intestinal es más rápido en los recién nacidos por parto vaginal que en los nacidos por cesárea, dado el contacto que tienen los primeros con especies comensales de la vagina y el área perianal de la madre.3

Según un estudio que evalúa la cantidad de bacterias en la microbiota intestinal, hay 107 bacterias por gramo de heces el primer día de vida, observándose un aumento a 109 por gramo el día tres, el paso a 1.010 por gramo el día siete y a 1.011 por gramo a los 6 meses, que es casi el nivel de los adultos.3

Además del incremento en la cantidad de microorganismos, la composición de la microbiota cambia mucho en las diferentes etapas de la vida, especialmente durante la infancia, hecho que ha sido demostrado mediante el análisis de las heces por secuenciación de ARN ribosómico (ARNr), demostrándose el predominio de Actinobacterias – incluidas bifidobacterias -, en niños menores de un año, con una transición progresiva a la composición del adulto, con predominio de Firmicutes – incluidos lactobacilos y clostridios -, a los tres años de vida.3

La microbiota que se ha establecido a la edad de tres años se mantiene sin mayores variaciones hasta la edad adulta, por lo que es importante destacar que la disbiosis que se desarrolla durante las primeras etapas de la vida puede permanecer hasta la edad adulta, viéndose asociada con el desarrollo de múltiples enfermedades en etapas posteriores del ciclo vital.1, 3

Entre las condiciones que se han relacionado con trastornos de la microbiota intestinal, se incluyen trastornos alérgicos de la piel, enfermedad inflamatoria intestinal, síndrome de intestino irritable, enterocolitis necrosante, diabetes mellitus, obesidad, enfermedad cardiovascular, trastornos del espectro autista y síndrome de muerte súbita del lactante, entre otros.1, 3

Microbiota, lactancia y primera infancia (Video de integración)

En este video se presenta una interesante entrevista con la doctora Olalla Otero, bióloga con doctorado en biología y experta en microbiota, autora del libro “El revolucionario mundo de los probióticos: Qué son, cómo funcionan y para qué sirven”, quien presenta una valiosa síntesis del tema que nos convoca y puntualiza los elementos clave para entender esta relación.

Usos clínicos I (Cólico infantil, diarrea y ECN)

Cólico infantil

El uso de probióticos en el tratamiento del cólico infantil ha sido estudiado por varios grupos de investigadores, demostrándose que el uso prolongado de prebióticos y probióticos es efectivo y seguro en el manejo de este problema, con disminución significativa de la frecuencia y duración del llanto asociado al cólico.4

Los mecanismos asociados a esta respuesta incluyen la regulación del equilibrio entre los microorganismos que componen la microbiota intestinal, la estabilización de pH y la regularización del peristaltismo, reportándose que la colonización de bacterias como lactobacillus y Bifidobacterium y el aumento en la diversidad de especies probióticas, puede proteger a los niños de esta condición.4

Diarrea

 Varios metaanálisis han demostrado que la administración de probióticos y simbióticos en niños bien alimentados puede reducir el riesgo de diarrea, la duración del cuadro y la necesidad de manejo hospitalario en los niños que requieren dicha intervención. Por otra parte, el uso de estas sustancias puede mejorar el crecimiento infantil al prevenir infecciones, deficiencia de micronutrientes y aparición de anemia, teniendo en cuenta que mejoran el proceso de absorción de calcio, zinc y vitamina B12.5

En niños con desnutrición y diarrea, en los que se produce “agotamiento” temprano de Bifidobacterium longum y ausencia posterior de microbiota intestinal anaeróbica, también se ha observado el efecto positivo de probióticos y simbióticos en el mejoramiento de la reserva de energía, la biosíntesis de vitaminas y la protección inmunológica frente a patógenos secundarios.5

La diarrea asociada a antibióticos es un efecto adverso frecuente e involuntario del tratamiento con antibióticos que se caracteriza por la alteración de la microbiota intestinal, la disminución de las concentraciones de ácidos grasos de cadena corta a nivel intestinal, la acumulación de carbohidratos luminales y ácidos biliares colónicos, la alteración de la absorción de agua y la aparición subsecuente de diarrea.6

Se ha demostrado que los probióticos previenen la diarrea asociada al uso de antibióticos en numerosos ensayos clínicos, lo que se ha explicado como resultado de la modulación de la microbiota intestinal, el restablecimiento del equilibrio del metabolismo de nutrientes y ácidos biliares, la inducción de la actividad del transportador epitelial de solutos, el apoyo a la función de barrera intestinal y la influencia del sistema inmunitario.6

Aunque en buena parte de los pacientes los probióticos se prescriben junto con los antibióticos, la evidencia que sustenta el mecanismo de protección frente a esta condición es muy limitada, dada la heterogeneidad y el tipo de estudios realizados, la variabilidad de cepas y dosis utilizadas y la ausencia de ensayos clínicos aleatorizados controlados.6

Enterocolitis necrotizante

Los mecanismos fisiopatológicos de la enfermedad indican que la disbiosis gastrointestinal es un factor de riesgo muy importante en la aparición del trastorno.6

Un metanálisis en red publicado recientemente sugiere la eficacia preventiva de Bifidobacterium spp. y Lactobacillus spp. pero aún más para mezclas de Bifidobacterium spp. más Streptococcus spp. y Bifidobacterium spp. más Streptococcus spp, sin embargo, hace falta la implementación de estudios que comparen diferentes cepas cabeza a cabeza.6

Underwood (2019) reportó que varias cepas de probióticos tienen efectos beneficiosos en la inhibición de la inflamación relacionada con el estrés y la permeabilidad intestinal in vitro y en una variedad de modelos animales. De acuerdo con el autor, ensayos clínicos y estudios de cohortes en más de 40.000 recién nacidos prematuros, han evidenciado un beneficio significativo en la reducción del riesgo de enterocolitis necrotizante, muerte y sepsis de inicio tardío, obteniéndose la evidencia más fuerte de estudios en los que el probiótico se administra junto con la leche humana y cuando contiene especies de Bifidobacterium y Lactobacillus.7

Es importante tener en cuenta que las diferencias en los criterios de inclusión, las dosis de las cepas y los resultados primarios en la mayoría de los ensayos son obstáculos importantes para permitir conclusiones basadas en la evidencia y aunque los efectos adversos casi no se informan en los ensayos clínicos, se han publicado series de casos de resultados adversos, principalmente septicemia. 6

Usos clínicos II (Alergias)

La incidencia de enfermedades alérgicas y autoinmunes está aumentando en todo el mundo. Las posibles razones de este aumento son la mejora “excesiva” de las condiciones sanitarias, el modo de parto, el uso de antibióticos y el tipo de dieta. Curiosamente, estos factores también afectan a la microbiota intestinal, lo que indica que la disbiosis también podría estar relacionada con la aparición de enfermedades alérgicas.3

Para investigar el papel de la microbiota intestinal en las enfermedades alérgicas, se han realizado múltiples estudios en animales, siendo importante destacar que en ratones libres de gérmenes, los tejidos linfáticos intestinales están “subdesarrollados”, hay menos células plasmáticas que producen anticuerpos IgA en las mucosas y células T reguladoras (Tregs) y dominancia de Th2, con niveles elevados de IgE en plasma, hallazgos que sugieren que la microbiota intestinal afecta en gran medida la madurez y el mantenimiento del sistema inmunitario del hospedero.3

Además, la disbiosis provocada por la administración de antibióticos a ratones poco después del nacimiento conduce a la dominancia Th279 y menos Tregs en la lámina propia del intestino, observándose que la administración de probióticos condujo a la restauración de los niveles de IgE en plasma y a la supresión de la sensibilización al alérgeno alimentario a través de mejoras en la función de barrera intestinal, lo que confirma la hipótesis de que la microbiota intestinal en los primeros años de vida juega un papel importante en la aparición de enfermedades alérgicas.3

Aunque se han realizado muchos estudios sobre la disbiosis en niños con enfermedades alérgicas, no se han identificado características consistentes de este fenómeno ni la existencia de una relación causa efecto entre las dos variables.

A continuación, se presentan los hallazgos más importantes de los estudios realizados en niños con alergias alimentarias:

  • Reducción de los niveles del phylum Bacteroidetes y aumento de los niveles de Firmicutes.
  • Aumento de los niveles de Bacteroidaceae, Clostridiaceae, Lachnospiraceae, Leuconostocaceae, Ruminococcaceae y Streptococcaceae.
  • Reducción de los niveles de los géneros Citrobacter, Clostridium, Dialister, Dorea, Haemophilus, Lactococcus y Oscillospira.

Por otra parte, en niños con dermatitis atópica, se han observado las siguientes características:

  • Reducción de los niveles de Akkermansia.
  • Disminución de Bacteroides, Bifidobacterium, Faecalibacterium y Lactobacillus.
  • Elevación de los niveles de Gemella y Rhodotorula.

Finalmente, en niños con asma, se ha observado:

  • Disminución de los niveles de Alistipes, Bacteroides, Bifidobacterium, Collinsella, Dialister, Dorea, Faecalibacterium, Flavonifractor, Roseburia y Veillonella.
  • Elevación de los niveles de Escherichia, Gemmiger y Streptococcus
  • Aumento o disminución de los niveles de Ruminococcus.

Varios estudios prospectivos han revelado la presencia de disbiosis antes del inicio de la enfermedad alérgica, lo que sugiere que la disbiosis podría ser una de las causas de las enfermedades alérgicas comunes en pediatría.

A partir de una comprensión más profunda del papel de la microbiota intestinal en la salud de los seres humanos y en la génesis de diversas enfermedades, se están estudiando activamente enfoques para restaurar y mantener el equilibrio favorable de la misma, incluyendo el uso de prebióticos, probióticos, simbióticos, postbióticos y trasplante de microbiota fecal.

En resumen, aunque se han realizado muchas intervenciones para la prevención y el tratamiento de enfermedades alérgicas mediante el uso de probióticos, las dificultades para optimizar y estandarizar factores como el tipo de probiótico, el uso de cepas aisladas o en combinación, la dosis administrada y la duración del tratamiento, generan barreras metodológicas para lograr la estandarización del proceso, aunque existe un horizonte promisorio en este campo.

Usos clínicos III (Trastornos del espectro autista)

El trastorno del espectro autista es un término general para varios trastornos del neurodesarrollo, todos los cuales se caracterizan por deficiencias en la comunicación social y las interacciones sociales, acompañadas de patrones restringidos y repetitivos de comportamientos, intereses y/o actividades.8

Algunos autores han informado sobre la alteración de la microbiota intestinal en pacientes con este tipo de patologías y se ha investigado el uso de probióticos como una intervención terapéutica complementaria, siendo utilizadas en las investigaciones realizadas cepas de los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium, incluyendo L. plantarum, L. acidophilus, mezclas de L. acidophilus, L. rhamnosus y B. longum, así como mezclas de L. acidophilus, L. casei, L. delbruecki, B. longum y B. bifidum.9

De acuerdo con los expertos, los estudios sobre probióticos, prebióticos y transplante de microbiota fecal arrojan resultados prometedores en pacientes con trastornos del espectro autista, pero no hay suficiente evidencia empírica, por lo que se hace necesario ampliar la base de conocimiento existente, mediante la realización de estudios aleatorizados, controlados que permitan obtener conclusiones que puedan extrapolarse a la población.9

En el siguiente video, el doctor Guillermo Alvarez Calatayud licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense, especialista en pediatría por el Programa MIR, master en Gastroenterología pediátrica por la Universidad Complutense, médico Adjunto de la sección de gastroenterología y nutrición pediátrica del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, presenta el panorama de la relación existente entre alteraciones de la microbiota y trastornos del espectro autista, así como el uso de probióticos en su prevención y manejo.

Referencias bibliográficas

  1. Álvarez Calatayud G et al. Probiotics in Pediatrics. Probiotics for Human Nutrition in Health and Disease. 2022; 305 – 328
  2. Hsieh M.H, Versalovic J. The Human Microbiome and Probiotics: Implications for Pediatrics. Current Problems in Pediatrics and Adolescent Health Care. 2002; 309 – 327
  3. Akagawa S, Kaneko K. Gut microbiota an allergic diseases in children. Allergology International. 2022; 71 (3): 301 – 309
  4. Ahmadipour S, Fallahi A, Rahmani P. Probiotics for infantile colic. Clinical Nutrition Experimental. 2020; 31: 1 – 7
  5. Mbusa Kambale R et al. Effects of probiotics and synbiotics on diarrhea in undernourished children: Systematic review with meta-analysis. Clinical Nutrition. 2021; 40 (5): 3158 – 3169
  6. Mekonnen S.A et al. Molecular mechanisms of probiotic prevention of antibiotic – associated diarrea. Current Opinion in Biotechnology. 2020; 61: 226 – 234
  7. Seghesio E et al. Probiotics in the prevention and management of necrotizing enterocolitis. Probiotics in the Prevention and Management of Human Diseases: A Scientific Perspective. 2022; Cap. 5: 93 – 99
  8. Underwood M.A. Probiotics and the prevention of necrotizing enterocolitis. Journal of Pediatric Surgery. 2019; 54 (3): 405 – 412.
  9. Chen H.J, Liu Y. The Impacts of probiotics on microbiota in patients with autism spectrum disorder. Comprehensive Gut Microbiota. 2022: 296 – 319
  10. Martínez – González A.E, Andreo – Martínez P. Prebiotics, probiotics and fecal microbiota transplantation in autism: A systematic review. Revista de Psiquiatría y Salud Mental (English Edition) 2021; 13 (3): 150 – 154

Introducción

Como se ha mencionado en los módulos anteriores,  la colonización  de los seres humanos por los microorganismos  que  conforman  la  microbiota  ocurre en la piel  y  en las mucosas de cavidades expuestas al exterior como los tractos gastrointestinal, respiratorio y genitourinario, así como en las glándulas sebáceas, biliares y mamarias, entre otras.1, 2, 3

En todos estos ambientes, la microbiota establece una relación simbiótica con el hospedero, proporcionando una modulación temprana del desarrollo fisiológico del mismo, mediante la contribución al desarrollo de las funciones de nutrición, inmunidad y resistencia a patógenos en todas las etapas de la vida.1, 2

Estudios recientes sobre los trastornos de la microbiota y su asociación con determinadas enfermedades han indicado que la reducción de la diversidad microbiana es uno de los aspectos que contribuye a la aparición de enfermedad. En términos ecológicos, la diversidad y riqueza de especies son importantes en los conceptos de redundancia funcional y resiliencia – la capacidad de tolerar desafíos ambientales particulares. 1, 2, 3

La reducción de la diversidad de especies en el microbioma humano se ha relacionado con un aumento de enfermedades como la enfermedad inflamatoria intestinal, la obesidad, la otitis media aguda, la rinosinusitis crónica y la infección del tracto urinario. La infección por Clostridioides difficile es típicamente asociados con la terapia con antibióticos y la consiguiente pérdida de diversidad microbiana intestinal.1, 2, 3

En el contexto de la microbiota intestinal, el aumento en la ingesta de alimentos ricos en calorías y azúcar refinada se ha asociado con comunidades microbianas menos diversas que en individuos que consumen alimentos ricos en fibra, un hecho de gran importancia para entender el aumento que han experimentado muchas patologías crónicas en las últimas décadas.1

Microbiota gastrointestinal

Cavidad oral 1, 3

La cavidad oral posee una microbiota abundante y diversa, específica de los diversos nichos representados por la lengua, el paladar, los dientes y las encías.

La saliva se considera representativa de la microbiota oral porque realiza un efecto de limpieza en todas las superficies de dicha cavidad y aporta nutrientes como proteínas, glicoproteínas, péptidos y vitaminas, además de su gran capacidad amortiguadora, capaz de proporcionar y mantener condiciones de pH neutro (entre 6.7 y 7.2).

En la microbiota típica de la cavidad oral predominan Streptococcus, Gemella, Granulicatella, Neisseria y Prevotella, aunque también existen especies adaptadas a nichos específicos, como Rothia, que coloniza la lengua y los dientes y Simonsiella, que se localiza en el paladar duro.

Además, existen grupos bacterianos asociados a enfermedades como caries, enfermedad periodontal y halitosis, habiéndose descrito que el consumo excesivo de carbohidratos simples en la dieta se relaciona con la aparición de caries, por la actividad fermentativa y la producción ácida de la microbiota oral, particularmente de S. mutans Veillonella y Lactobacillus.

Recientemente, se ha descrito que el aumento de algunas cepas de Streptococcus dentisani está inversamente relacionado con la aparición de caries, lo que parece estar relacionado con la inhibición del crecimiento de S. mutans y con la neutralización del pH de la placa dental.

Estómago1, 3

El pH ácido del estómago previene el crecimiento bacteriano, por lo tanto, las concentraciones microbianas suelen estar por debajo de 103 bacterias por ml de contenido gástrico.

Los grupos más abundantes son Streptococcus, Lactobacillus, Prevotella, Porphyromonas, Rothia, Atopobium y Fusobacterium nucleatum, que provienen de la cavidad oral y representan una microbiota transitoria ácido – resistente. Helicobacter pylori, también suele estar presente en la mucosa del estómago, protegiéndose de los efectos del ácido gástrico gracias a la producción de actividad de ureasa.

En este punto, es importante anotar que a pesar de la clara evidencia de que H. pylori es un patógeno humano, hay estudios que han sugerido que también podría considerarse una bacteria comensal dado que está presente en muchos individuos sanos, sin generar síntomas ni enfermedades y que modula la respuesta inmune de la mucosa del estómago.

En relación con lo anterior, es interesante recordar que la capacidad de H. pylori para producir úlceras pépticas y adenocarcinoma gástrico se asocia con la expresión de factores de virulencia como CagA y Cgt, que bloquean la respuesta inmunitaria del huésped, favoreciendo su crecimiento y su contribución a las transformaciones histológicas propias e dichas patologías.

Intestino delgado 1, 3

Dentro del tracto gastrointestinal, el intestino delgado es la región más larga y tiene los mayores cambios en las condiciones ambientales, lo que resulta en diferentes concentraciones microbianas (un aumento de 104 a 108 microorganismos por ml de contenido intestinal desde el yeyuno hasta el íleon).

La colonización de microbiota en el intestino delgado está limitada por el poco tiempo de residencia del contenido intestinal, el elevado peristaltismo, la continua renovación de la mucosa intestinal, la entrada de sales biliares y secreciones pancreáticas y la secreción de componentes antimicrobianos en la mucosa, incluyendo defensinas, catelicidina y lectinas tipo C, entre otras.

Las condiciones de pH neutro y la presión de oxígeno provocan poblaciones más abundantes en las áreas proximales del intestino delgado, que correspondientes a anaerobios facultativos y disminuyen la proporción a medida que aumentan las condiciones reductoras en las áreas distales.

El sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado, establecido por recuentos >105 bacterias por ml de contenido yeyunal, puede causar síntomas gastrointestinales inespecíficos como distensión asociada o no a dolor abdominal, flatulencia, diarrea, dispepsia y pérdida de peso corporal.

La enfermedad celíaca se ha asociado con disbiosis de la microbiota del intestino delgado. La enfermedad se caracteriza por una menor diversidad microbiana en pacientes con enfermedad celíaca, una abundancia relativa reducida de Streptococcus y Prevotella y niveles más altos de Proteobacteria, sin embargo, no se han realizado estudios para establecer la causalidad de los cambios en la microbiota con la enfermedad, por lo que no se ha aclarado por completo si los cambios observados en estos pacientes son consecuencia de la inflamación del intestino delgado.

Intestino grueso 1, 3

El intestino grueso tiene la densidad microbiana más alta del cuerpo humano, alcanzando los 1010 microorganismos por mL de contenido intestinal. Cerca del 90% de los grupos microbianos pertenecen a los filos Bacteroidetes y Firmicutes y el porcentaje restante a otros grupos, entre los que se incluyen Proteobacteria, Actinobacteria, Fusobacteria y Verrucomicrobia.

Los géneros Bacteroides, Faecalibacterium y Bifidobacterium son los más abundantes en el intestino grueso y son en su mayoría microorganismos anaerobios obligados. Algunas de las especies reportadas se han encontrado solo en este ambiente, lo que refleja un nivel específico de adaptación al nicho intestinal.

Esta microbiota juega un papel muy importante en el metabolismo de material no digerible en la dieta, especialmente carbohidratos no digeribles, produciendo vitaminas y algunos nutrientes esenciales y actuando como barrera de protección frente a infecciones por bacterias patógenas.

La microbiota también desempeña un importante efecto modulador de la respuesta inmune y endocrina del huésped y actúa sobre la secreción de neurotransmisores que facilitan la comunicación entre el intestino y el cerebro, como se analizó previamente en el apartado correspondiente al eje microbiota – intestino – cerebro.

La reducción en la diversidad microbiana está asociada con patologías comunes como la enfermedad inflamatoria intestinal, el cáncer colorrectal, la obesidad, la diabetes tipo 2 y la esteatohepatitis no alcohólica, condiciones en que se han demostrado cambios en la composición de la microbiota intestinal.

En la mayoría de los estudios, sin embargo, estas fueron asociaciones no causales o los resultados difirieron entre los diversos grupos de investigación. Además, los individuos con alta adiposidad, resistencia a la insulina y leptina y fenotipo inflamatorio, se caracterizan por una baja riqueza de genes microbianos – por debajo de 400.000 – en las heces.

Varias especies microbianas que colonizan la mucosa intestinal, como Akkermansia muciniphila, se han asociado con un estado metabólico saludable, homeostasis de la glucosa y del tejido adiposo, mejora de los procesos inflamatorios y cicatrización de las lesiones de la mucosa intestinal.

Por otro lado, la formación de biopelículas por parte de Bacteroides fragilis se ha asociado con la aparición de áreas de inflamación en pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal. En la misma línea, Fusobacterium nucleatum, una especie anaerobia que forma parte de la mucosa oral e intestinal, se ha asociado en numerosos estudios con procesos neoplásicos a nivel del colon.

Finalmente, estudios recientes han demostrado que la producción de trimetilamina, óxido de trimetilamina, ácidos biliares secundarios y sulfato de indoxil por la microbiota intestinal se ha asociado con el desarrollo y progresión de enfermedades cardiovasculares, incluida la insuficiencia cardíaca.

Disbiosis y enfermedades gastrointestinales

En el siguiente video, el doctor Miguel Ángel Valdovinos Díaz, médico especialista en medicina interna, gastroenterología, endoscopia y motilidad gastrointestinal, gastroenterólogo y jefe del laboratorio de motilidad gastrointestinal del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición del Hospital Salvador Zubirán y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, presenta un interesante resumen de la relación existente entre microbiota y enfermedades gastrointestinales.

Usos clínicos I (Diarrea)

Diarrea infecciosa aguda 5, 6

En una revisión sistemática y metaanálisis de la base de datos Cochrane que analizó 63 estudios con un total de 8.014 participantes, solo 352 participantes (4,4%) adultos de 19 años o más, se encontró que los probióticos reducen el riesgo general de diarrea que dura cuatro o más días en un 59% y la duración promedio de la misma en 25 horas. Los dos probióticos más estudiados fueron Lactobacillus GG y S. boulardii.

A pesar de la gran variabilidad en la calidad metodológica de los ensayos, en general, los probióticos, independientemente de la(s) cepa(s) utilizada(s), dosis, causa (bacteriana o viral), gravedad y país de estudio, demostraron ser seguros y efectivos para reducir la duración y gravedad de la diarrea, además de prevenir la progresión de la forma aguda (<14 días) a la forma persistente. 

Esto va en contra del consenso general de que los efectos de los probióticos son específicos de la cepa y que los resultados obtenidos con un probiótico no pueden extrapolarse a otros organismos, incluidas las cepas relacionadas, por lo que se requieren estudios más profundos de regímenes específicos de probióticos en contextos específicos, con la mayor homogeneidad posible para extraer conclusiones definitivas al respecto. 

Diarrea asociada al uso de antibióticos5, 7

Una revisión sistemática de la literatura sobre el uso de probióticos en el tratamiento de la diarrea asociada a antibióticos en adultos de 18 a 64 años y en pacientes ancianos ≥ 65 años, analizó 30 ensayos aleatorios, controlados que cumplieron los criterios de inclusión establecidos por los investigadores.

Los metaanálisis de estos ensayos sugirieron que la administración de probióticos como terapia adyuvante a los antibióticos se asocia con un menor riesgo de diarrea asociada al uso de los mismos en adultos, pero no en personas de edad avanzada, hallazgos que confirman los resultados de metaanálisis anteriores.

Los probióticos que han demostrado su eficacia en la prevención de esta condición incluyen L. rhamnosus GG18 y S. boulardii, pero no los del yogur (L. delbrueckii bulgaricus o S. salivarius ssp. thermophilus). Sin embargo, se necesitan más estudios para identificar la dosis óptima de preparación, el tiempo de administración y la duración del tratamiento.

Diarrea del viajero 5, 8

La diarrea aguda es común en los viajeros, reportándose una frecuencia que oscila entre el 5% y el 50% según el destino y una etiología bacteriana en la mayoría de los casos (80%), siendo la infección más común la que se produce por uno de los siete tipos diarreogénicos de E. coli.

Varios estudios han demostrado que algunos probióticos son seguros y efectivos para prevenir la diarrea del viajero y que hasta el 85% de estos casos se pueden prevenir con el uso de los mismos, sin embargo,  otros estudios han arrojado resultados contradictorios, por lo que se requiere ampliar la base de conocimiento

S. boulardii parecía proporcionar una protección significativa en estos casos. L. rhamnosus GG y una mezcla de probióticos compuesta por L. acidophilus, Lactobacillus bulgaricus (L. bulgaricus), B. bifidum y Streptococcus thermophilus (S. thermophilus) también tuvieron un efecto protector significativo frente a placebo.

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