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Aprende: Los axiomas de la comunicación

Comunicarse es transmitir información – un mensaje -, a través de un código que es conocido por quienes forman parte de dicha comunicación. Sin embargo, como se puede observar en la existencia de múltiples idiomas, no todos compartimos los mismos códigos, por lo que puede ser difícil llegar a comprender lo que otras personas tratan de comunicar. Lo cierto es que aunque tengamos diferentes idiomas, símbolos y maneras de expresarnos, se ha descubierto un conjunto de similitudes en la manera en que funcionan nuestros códigos. Estas coincidencias en la forma en que nos comunicamos, independiente si lo hacemos en español, inglés, alemán, si utilizamos el lenguaje de señas o el código braille, rigen de manera universal todos los actos comunicativos. Dichos principios han sido denominados por los expertos axiomas de la comunicación. Así. cada que hablamos con una persona, animal o incluso nosotros mismos, utilizamos cinco principios básicos, incluso aunque pretendamos lo contrario. Estos principios o axiomas de la comunicación son:
  1. Es imposible no comunicar/todo comportamiento es comunicativo
El primero de los axiomas de la comunicación establece que es imposible no comunicar, independiente de nuestra capacidad o voluntad. En este punto, hay que recordar  que comunicarse no es sólo hablar o no hablar: todo acto que hacemos, incluso los que no hacemos, tiene un significado que puede ser percibido o interpretado como una comunicación. Incluso el silencio es comunicativo: que una persona esté en silencio puede implicar que no quiere hablar con nosotros o decir algo, que está incómodo ante un tema o persona concreta, que no se ha percatado o no le importa nuestra presencia o que está reflexionando o descansando, por ejemplo.
  1. Existe una interacción entre el contenido del mensaje y la relación existente entre los participantes
El segundo de los axiomas establece que el mensaje transmitido va a ser interpretado por el oyente o el receptor en función a la relación que mantenga con el emisor. Así, la relación entre los actores del intercambio comunicativo va a marcar cómo debe entenderse el contenido de mensaje, de manera que el contenido va a poder tener significados distintos en función de quién lo diga. Por poner un ejemplo fácil de entender, no es lo mismo que nos diga “estás en la calle” un amigo (que nos puede estar diciendo literalmente dónde estás) o nuestro jefe (en este caso se está produciendo un despido).
  1. La comunicación es bidireccional y está marcada por una puntuación en la secuencia de hechos
El tercero de los axiomas establece que todo tipo de interacción comunicativa es bidireccional: el emisor y el receptor se afectan mutuamente y generan una reacción en el otro y una secuencia determinada de la comunicación. Si bien ocurre en todas las conversaciones, un ejemplo muy sencillo de ver es lo que ocurre en las discusiones, en que un conflicto puede ir en aumento a medida que se generan reacciones frente a los mensajes del otro.
  1. Nos comunicamos de forma digital (verbal) y analógica (no verbal)
A la hora de comunicarnos, utilizamos y tenemos en cuenta tanto la comunicación digital como la analógica, es decir, tanto lo que se dice (generalmente lo verbal) como la manera en que se dice (lo no verbal), de ahí que  es importante valorar tanto las palabras como los gestos, el tono, la distancia y la posición. En este sentido, podemos interpretar cosas muy diferentes si alguien nos dice “llegas pronto” sonriendo o si nos lo dice enfurruñado, con los brazos en cruzados y dando golpecitos con el pie.
  1. Las interacciones comunicativas pueden ser simétricas o complementarias
 El último de los axiomas propuestos es especialmente relevante en el ámbito organizacional, y establece que hay que tener en cuenta que puede haber relaciones de simetría o complementariedad en las relaciones comunicativas, según si todos tienen el mismo rol o posición de poder o desigualdad. Así, existen actos comunicativos en los que una persona dirige el intercambio desde una posición de superioridad (algo que hace el intercambio más restringido especialmente para quien tiene la posición inferior) mientras que en otros más simétricos la comunicación es mucho más bidireccional y abierto. Estos tipos de relación pueden marcar la funcionalidad y los resultados del intercambio comunicativo, sin embargo, ninguno de ellos es  positiva o negativa, sino que pueden tener diferente utilidad según las situaciones en que se da la comunicación.

Toma consciencia

En el siguiente video te planteamos algunas reflexiones acerca de la comunicación y te proponemos un breve ejercicio para tomar consciencia acerca de la importancia de este proceso en la vida personal y profesional.

Reflexiona

La comunicación, un proceso que tiene lugar entre personas, siempre debería estar centrada en las personas, sin embargo, la mayoría de nosotros tiene problemas para mantener el foco de la atención en las personas con quienes establecemos algún tipo de comunicación.

Buena parte de las conversaciones transcurre mientras alguno de los participantes tiene su atención en la computadora o en el teléfono celular, mientras sostiene una comunicación paralela con otra persona, mientras intenta resolver en la mente un problema que no ha atendido en el momento indicado, mientras piensa en el vestido que usará para la fiesta del sábado o en los invitados a la cena de esa noche.

Muchos creen que atender varias tareas a la vez, característica que algunos denominan multitasking o multitarea, es una habilidad necesaria para responder de forma efectiva a los desafíos del mundo moderno.

Sin embargo, se ha demostrado que atender varias tareas a la vez, no es una característica avanzada de los seres humanos, sino que representa un retroceso a la realidad de los animales salvajes que deben monitorear el entorno mientras se alimentan o se aparean, para no ser víctimas de algún depredador que los encuentre distraídos.

En nuestro caso, la realización simultánea de varias actividades que requieren la activación de las funciones mentales tiene como consecuencia la reducción de la atención y la disminución del rendimiento en cada una de ellas.

Recuerda que la atención es una función que nos permite “tomar consciencia” de lo que sucede en el entorno y mantener enfocados nuestros recursos mentales para lograr un desempeño exitoso en lo que nos propongamos.

Recuento histórico

Algunos autores han señalado que el primer uso de los probióticos en la historia de la humanidad se remonta al año 2.000 a.C, cuando el hombre descubrió por primera vez cómo conservar la leche por largos períodos, mediante su transformacion en productos lácteos fermentados, utilizando bacterias y levaduras, a pesar que su existencia, aún era desconocida.1

Trabajos científicos recientes han aclarado que nuestros antepasados ​​utilizaban levaduras en la elaboración de bebidas mucho antes de esa fecha, de hecho, en las reliquias del antiguo Egipto, se puede ver que los productos lácteos fermentados “Laban Rayad” y “Laban Khed”, que todavía son comunes en el Medio Oriente, se utilizaban desde el año 3500 a.C., o antes.1

Utilizando un sistema de prueba y error, diferentes culturas comenzaron a producir bebidas fermentadas: “la gente sabía que dejar frutas y granos en recipientes tapados durante mucho tiempo producía vino y cerveza”, proceso que se denominó fermentación, un nombre derivado de la observación que las mezclas de uvas trituradas guardadas en recipientes grandes durante algún tiempo, producían burbujas, como si estuvieran hirviendo.1

Sin embargo, producir estas bebidas era complicado: “si la mezcla no reposaba suficiente tiempo, el producto no contenía alcohol, pero si se el proceso se prolongaba demasiado, se fermentaba en exceso y no se podía beber, identificándose por observación empírica que la temperatura y la exposición al aire, eran puntos claves para una adecuada fermentación.1

 Una historia sorprendente sobre el yogur del siglo XVI fue protagonizada por el rey francés Francisco I, quien padecía una grave enfermedad gastrointestinal que los médicos más famosos de la época no habían podido curar.  Su madre le pidió a regañadientes a Solimán el Magnífico que enviara un médico para su tratamiento, acudiendo al llamado un médico que traía consigo un rebaño cabras.1

El médico otomano – judío enviado por Solimán, preparó yogur con la leche de sus cabras y luego, en estricto secreto, añadió algunas sustancias desconocidas a la preparación, según una “milagrosa” fórmula especial de yogur, que fue llamada “la leche de la vida eterna” por el rey Francisco I.

 Más recientemente, en 1856, un hombre que producía alcohol a partir de la fermentación de la remolacha buscó la ayuda de Louis Pasteur, reconocido personaje de la historia de la medicina, porque tenía problemas en su destilería, al estar obteniendo una sustancia similar a la leche agria en lugar de alcohol.1

Pasteur analizó el contenido químico de la sustancia ácida y descubrió que contenía una cantidad sustancial de ácido láctico y comparó microscópicamente los sedimentos de diferentes recipientes, notando que grandes cantidades de levadura eran visibles en muestras de los recipientes en los que se había producido el proceso de fermentación alcohólica.1

En contraste, en los recipientes contaminados, los que contenían ácido láctico, observó “células mucho más pequeñas que la levadura”, demostrando la existencia de dos tipos de fermentación: alcohólica, producida por la acción de las levaduras y láctica,  por la acción de las bacterias.1

Henry Tissier, pediatra del Instituto Pasteur, descubrió el Bifidobacterium spp. en 1889. El investigador notó que las bifidobacterias son el microorganismo dominante en la flora intestinal de los bebés amamantados y lo nombró como Bacillus bifidus communis, dando a conocer su hallazgo en su tesis de disertación en la Universidad de París, llamada ‘Recherches sur la flore intestinale des nourissons (et at normal et pathologique).1

 Sin embargo, en la mayoría de los artículos científicos, ha sido Elie Metchnikov, quien ha figurado siempre como el padre de la idea que los probióticos son beneficiosos para la salud humana. De hecho, su reputación se encuentra fundamentada más en su libro “La prolongación de la vida; estudios optimistas”, publicado en 1908, que en haber sido galardonado con el Premio Nobel por su trabajo sobre la fagocitosis en el mismo año.

En su libro, Metchnikov sugirió que la fagocitosis en la flora intestinal produce sustancias tóxicas que conducen al proceso de envejecimiento, y planteó que si estos “microbios proteolíticos” pudieran prevenirse mediante el trabajo de estudios futuros, el resultado sería una mayor esperanza de vida.1

Metchnikov sugirió que las bacterias lácticas de los productos lácteos podían reducir el pH del colon al descomponer la lactosa e inhibir el crecimiento de las bacterias proteolíticas. La prueba de esta hipótesis era el hecho de que los habitantes de una zona montañosa de Bulgaria que consumían una gran cantidad de productos lácteos fermentados vivían más tiempo que la población general.1

El científico dirigió sus investigaciones en apoyo de esta tesis y también anunció que bebía leche agria todos los días para mantenerse sano, sin embargo, esta idea le había sido sugerida a partir de un encuentro con un joven médico búlgaro, Stamen Grigorov, que había hecho este descubrimiento sobre el yogur búlgaro en 1905.1

Stamen Grigorov trabajaba como asistente jefe en el laboratorio de microbiología del profesor Léon Massol en la Universidad de Ginebra cuando identificó una especie de Lactobacillus en el cultivo iniciador de un producto lácteo búlgaro fermentado, abriendo las puertas de la literatura científica al agente, un bacilo ácido láctico, en el yogur búlgaro.1

Dos armenios, Sarkis y Rose Colombosian, que emigraron emigraron a los Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial, empezaron a vender su yogur casero desde un carro tirado por un caballo, con el nombre “madzoon”, que significa yogur en armenio. Las ventas no eran buenas porque era un nombre desconocido, así que empezaron a a vender el producto como yogur.

A partir de de una pequeña cocina en Andover, Estados Unidos, fundaron la empresa “Colombo and Sons Creamery” en 1929, que fue la primera marca de yogur en ese país, ofreciendo a los americanos su primer sabor de yogur, desarrollando posteriormente su propia marca, “Colombo Yoghurt”, que luego fue vendida a General Mills en el año 1993.

Referencias bibliográficas

  1. Iebba V et al. Eubiosis and dysbiosis: the two sides of the microbiota. New Microbiológica. 2016; 39: 1 – 12
  2. Nibali N, Henderson B. Microbiota and chronic disease. Wiley Blackwell Editores. 2016: 37 – 40.
  3. Adrienne Weiss G, Hennet T. Mechanisms and consequences of intestinal dysbiosis. Cellular and Molecular Life Sciences. 2017; 74: 2959 – 2977.
  4. Cryan JF. The microbiota – gut – brain axis. Physiol Rev. 2019; 99 (4): 187 – 2013.
  5. Gómez – Eguílaz M, Ramón – Trapero JL, Pérez – Martínez L, Blanco JR. El eje microbiota – intestino – cerebro y sus grandes proyecciones. Neurología. 2019;68: 111-117.
  6. Kogut MH, Lee A, Santi E. Microbiome and pathogen interaction with the immune system. Poultry Science. 2020; 99 (4): 1906 – 1913
  7. Alarcón P, González M, Castro E. The role of gut microbiota in the regulation of the immune response. Revista Médica de Chile. 2016; 144(7): 910 – 916.
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