Aprende: Elementos de la comunicación
En el siguiente gráfico interactivo encontrarás los elementos básicos de la comunicación y su concepto.
En el siguiente gráfico interactivo encontrarás los elementos básicos de la comunicación y su concepto.
En el siguiente video te planteamos algunas reflexiones acerca de la comunicación y te proponemos un breve ejercicio para tomar consciencia acerca de la importancia de este proceso en la vida personal y profesional.

La comunicación, un proceso que tiene lugar entre personas, siempre debería estar centrada en las personas, sin embargo, la mayoría de nosotros tiene problemas para mantener el foco de la atención en las personas con quienes establecemos algún tipo de comunicación.
Buena parte de las conversaciones transcurre mientras alguno de los participantes tiene su atención en la computadora o en el teléfono celular, mientras sostiene una comunicación paralela con otra persona, mientras intenta resolver en la mente un problema que no ha atendido en el momento indicado, mientras piensa en el vestido que usará para la fiesta del sábado o en los invitados a la cena de esa noche.
Muchos creen que atender varias tareas a la vez, característica que algunos denominan multitasking o multitarea, es una habilidad necesaria para responder de forma efectiva a los desafíos del mundo moderno.
Sin embargo, se ha demostrado que atender varias tareas a la vez, no es una característica avanzada de los seres humanos, sino que representa un retroceso a la realidad de los animales salvajes que deben monitorear el entorno mientras se alimentan o se aparean, para no ser víctimas de algún depredador que los encuentre distraídos.
En nuestro caso, la realización simultánea de varias actividades que requieren la activación de las funciones mentales tiene como consecuencia la reducción de la atención y la disminución del rendimiento en cada una de ellas.
Recuerda que la atención es una función que nos permite “tomar consciencia” de lo que sucede en el entorno y mantener enfocados nuestros recursos mentales para lograr un desempeño exitoso en lo que nos propongamos.
Algunos autores han señalado que el primer uso de los probióticos en la historia de la humanidad se remonta al año 2.000 a.C, cuando el hombre descubrió por primera vez cómo conservar la leche por largos períodos, mediante su transformacion en productos lácteos fermentados, utilizando bacterias y levaduras, a pesar que su existencia, aún era desconocida.1
Trabajos científicos recientes han aclarado que nuestros antepasados utilizaban levaduras en la elaboración de bebidas mucho antes de esa fecha, de hecho, en las reliquias del antiguo Egipto, se puede ver que los productos lácteos fermentados “Laban Rayad” y “Laban Khed”, que todavía son comunes en el Medio Oriente, se utilizaban desde el año 3500 a.C., o antes.1
Utilizando un sistema de prueba y error, diferentes culturas comenzaron a producir bebidas fermentadas: “la gente sabía que dejar frutas y granos en recipientes tapados durante mucho tiempo producía vino y cerveza”, proceso que se denominó fermentación, un nombre derivado de la observación que las mezclas de uvas trituradas guardadas en recipientes grandes durante algún tiempo, producían burbujas, como si estuvieran hirviendo.1
Sin embargo, producir estas bebidas era complicado: “si la mezcla no reposaba suficiente tiempo, el producto no contenía alcohol, pero si se el proceso se prolongaba demasiado, se fermentaba en exceso y no se podía beber, identificándose por observación empírica que la temperatura y la exposición al aire, eran puntos claves para una adecuada fermentación.1
Una historia sorprendente sobre el yogur del siglo XVI fue protagonizada por el rey francés Francisco I, quien padecía una grave enfermedad gastrointestinal que los médicos más famosos de la época no habían podido curar. Su madre le pidió a regañadientes a Solimán el Magnífico que enviara un médico para su tratamiento, acudiendo al llamado un médico que traía consigo un rebaño cabras.1
El médico otomano – judío enviado por Solimán, preparó yogur con la leche de sus cabras y luego, en estricto secreto, añadió algunas sustancias desconocidas a la preparación, según una “milagrosa” fórmula especial de yogur, que fue llamada “la leche de la vida eterna” por el rey Francisco I.
Más recientemente, en 1856, un hombre que producía alcohol a partir de la fermentación de la remolacha buscó la ayuda de Louis Pasteur, reconocido personaje de la historia de la medicina, porque tenía problemas en su destilería, al estar obteniendo una sustancia similar a la leche agria en lugar de alcohol.1
Pasteur analizó el contenido químico de la sustancia ácida y descubrió que contenía una cantidad sustancial de ácido láctico y comparó microscópicamente los sedimentos de diferentes recipientes, notando que grandes cantidades de levadura eran visibles en muestras de los recipientes en los que se había producido el proceso de fermentación alcohólica.1
En contraste, en los recipientes contaminados, los que contenían ácido láctico, observó “células mucho más pequeñas que la levadura”, demostrando la existencia de dos tipos de fermentación: alcohólica, producida por la acción de las levaduras y láctica, por la acción de las bacterias.1

Henry Tissier, pediatra del Instituto Pasteur, descubrió el Bifidobacterium spp. en 1889. El investigador notó que las bifidobacterias son el microorganismo dominante en la flora intestinal de los bebés amamantados y lo nombró como Bacillus bifidus communis, dando a conocer su hallazgo en su tesis de disertación en la Universidad de París, llamada ‘Recherches sur la flore intestinale des nourissons (et at normal et pathologique).1
Sin embargo, en la mayoría de los artículos científicos, ha sido Elie Metchnikov, quien ha figurado siempre como el padre de la idea que los probióticos son beneficiosos para la salud humana. De hecho, su reputación se encuentra fundamentada más en su libro “La prolongación de la vida; estudios optimistas”, publicado en 1908, que en haber sido galardonado con el Premio Nobel por su trabajo sobre la fagocitosis en el mismo año.
En su libro, Metchnikov sugirió que la fagocitosis en la flora intestinal produce sustancias tóxicas que conducen al proceso de envejecimiento, y planteó que si estos “microbios proteolíticos” pudieran prevenirse mediante el trabajo de estudios futuros, el resultado sería una mayor esperanza de vida.1
Metchnikov sugirió que las bacterias lácticas de los productos lácteos podían reducir el pH del colon al descomponer la lactosa e inhibir el crecimiento de las bacterias proteolíticas. La prueba de esta hipótesis era el hecho de que los habitantes de una zona montañosa de Bulgaria que consumían una gran cantidad de productos lácteos fermentados vivían más tiempo que la población general.1
El científico dirigió sus investigaciones en apoyo de esta tesis y también anunció que bebía leche agria todos los días para mantenerse sano, sin embargo, esta idea le había sido sugerida a partir de un encuentro con un joven médico búlgaro, Stamen Grigorov, que había hecho este descubrimiento sobre el yogur búlgaro en 1905.1
Stamen Grigorov trabajaba como asistente jefe en el laboratorio de microbiología del profesor Léon Massol en la Universidad de Ginebra cuando identificó una especie de Lactobacillus en el cultivo iniciador de un producto lácteo búlgaro fermentado, abriendo las puertas de la literatura científica al agente, un bacilo ácido láctico, en el yogur búlgaro.1
Dos armenios, Sarkis y Rose Colombosian, que emigraron emigraron a los Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial, empezaron a vender su yogur casero desde un carro tirado por un caballo, con el nombre “madzoon”, que significa yogur en armenio. Las ventas no eran buenas porque era un nombre desconocido, así que empezaron a a vender el producto como yogur.
A partir de de una pequeña cocina en Andover, Estados Unidos, fundaron la empresa “Colombo and Sons Creamery” en 1929, que fue la primera marca de yogur en ese país, ofreciendo a los americanos su primer sabor de yogur, desarrollando posteriormente su propia marca, “Colombo Yoghurt”, que luego fue vendida a General Mills en el año 1993.
En el video eje intestino – cerebro, el doctor Ruslan Medzhitov, profesor de inmunobiología de la Universidad de Sterling e Investigador de Instituto Médico Howard Hughes en la Universidad de Yale, ofrece una visión detallada de la relación existente entre estos dos órganos y su impacto en diferentes patologías.