Prebióticos
Los primeros estudios sobre prebióticos se remontan a la década de 1.980, cuando se demostró, en cultivos de heces humanas in vitro, que “ciertos oligosacáridos no digeribles, eran fermentados selectivamente por bifidobacterias y que además tenían la capacidad de estimular su crecimiento”.2, 3
El término apareció publicado por primera vez en la literatura científica en 1995 por Gibson y Roberfroid, como un “ingrediente alimentario no digerible que beneficia al hospedador, mediante la simulación selectiva del crecimiento y/o actividad de un numero limitado de bacterias en el colon, mejorando la salud del hospedador”.2, 3
En 2004, Gibson y otros, revisaron el concepto y definieron de nuevo los prebióticos como “ingredientes que al ser fermentados selectivamente dan lugar a cambios específicos en la composición y/o actividad de la microbiota intestinal, confiriendo beneficios tanto para la salud como para el bienestar del individuo”.3
Roberfroid y otros, validaron y ampliaron el concepto de prebiótico indicando que “son ingredientes que producen una estimulación selectiva del crecimiento y/o actividad(es) de uno o de un limitado número de géneros/especies de microorganismos en la microbiota intestinal confiriendo beneficios para la salud del hospedador”.3

En el 2017 la ISSAP (International Scientific Association for Probiotics and Prebiotics) actualizó el concepto y propuso una nueva definición, como un “sustrato que es selectivamente utilizado por microorganismos del hospedador y confiere beneficios para la salud”, aplicándose a sustancias como hidratos de carbono, polifenoles, ácidos grasos poliinsaturados, entre otros.3,4
La FAO (Food and Agriculture Organization) y la ISAPP (International Scientific Association for Probiotics and Prebiotics), también definieron a los prebióticos, como “ingredientes alimentarios que al ser fermentados selectivamente producen cambios específicos en la composición y/o actividad de la microbiota gastrointestinal confiriendo beneficios en la salud del individuo.3, 4
Por otra parte, la World Gastroenterology Organisation (WGO), definió a los prebióticos como “sustancias de la dieta (fundamentalmente polisacáridos no amiláceos y oligosacáridos no digeribles por enzimas humanas), que nutren a grupos seleccionados de microorganismos que habitan en el intestino, favoreciendo el crecimiento de bacterias beneficiosas sobre las nocivas”.5
La participación de los prebióticos en el equilibrio y diversidad de la composición de la microbiota intestinal es un referente muy importante de los efectos de estos ingredientes alimenticios en la producción de cambios específicos favorables en la nutrición de la microbiota y el trofismo de la mucosa del colon con los efectos consiguientes sobre la salud.3
Para validar la consideración de una sustancia determinada en la categoría de prebiótico, se deben cumplir los siguientes criterios: resistencia a la digestión en el tracto digestivo superior, fermentación de la microbiota intestinal y efectos benéficos para la salud del hospedero.

Habitualmente en la dieta humana se encuentran diferentes prebióticos, en forma de oligosacáridos no digeribles y polisacáridos, incluyendo fructo – oligosacáridos (FOS), lactulosa, galacto – oligosacáridos (GOS) y transgalacto – oligosacáridos (TOS). Otros prebióticos menos estudiados, considerados como emergentes, son gluco -oligosacáridos, malto – oligosacáridos, xilo – oligosacáridos y manono – oligosacáridos.3
En la naturaleza existen múltiples fuentes de materia prima para la obtención de oligosacáridos no digeribles, entre las que se incluyen calostro, leche materna y de vaca, miel de abejas, cebolla, ajo, alcachofa, puerro, remolacha, tomate y espárragos, plátano, cereales, cebada, trigo y centeno, frijoles, lentejas, soya, maíz, caña de azúcar y sus derivados como jugo de caña de azúcar, melazas y bagazo, entre otros.3
Veamos un poco más acerca de los diferentes grupos de prebióticos mencionados previamente: 4
Fructo – oligosacáridos e inulina: Los FOS son oligosacáridos que se obtienen por hidrólisis de la inulina que se encuentra en productos vegetales, o mediante transfructosilación enzimática, a partir de sacarosa, utilizando fructosiltransferasas. La inulina está formada por oligosacáridos y polisacáridos en los que el grado de polimerización varía de 2 a 65 unidades.4
Diferentes ensayos de fermentación in vitro utilizando cultivos puros de microorganismos o cultivos de heces humanas, así como ensayos en humanos, han puesto de manifiesto que la inulina y los FOS favorecen el crecimiento de bifidobacterias y lactobacilos disminuyendo el de bacteroides y clostridios.
Lactulosa: El prebiótico más sencillo es la lactulosa, disacárido sintético que se obtiene industrialmente mediante isomerización en medio básico, de la lactosa presente en el permeado del suero de quesería. También puede obtenerse por síntesis enzimática utilizando lactosa y fructosa y b-galactosidasas de diferentes orígenes.
Las propiedades prebióticas de la lactulosa se han puesto de manifiesto cuando se ha añadido a alimentos como yogures, fórmulas infantiles, leche de soja, entre otras. Sin embargo, para utilizar la lactulosa como prebiótico hay que establecer la dosis adecuada ya que una cantidad excesiva puede producir flatulencias y diarrea.4
Es importante anotar en este punto que por todas sus propiedades no solo se utiliza como prebiótico en el campo de la nutrición, sino también como uno de los medicamentos de elección para el tratamiento del estreñimiento crónico y la encefalopatía portal hepática.4
Galacto – oligosacáridos (GOS): son compuestos obtenidos industrialmente a partir de la lactosa del permeado de suero de quesería, mediante transglicosilación catalizada por enzimas conocidas como b -galactosidasas (lactasas). presentan un carácter prebiótico claramente definido, como estimulantes del crecimiento de bacterias lácticas y bifidobacterias en diferentes regiones del intestino.
Xilo – oligosacáridos (XOS): Los XOS son oligosacáridos formados por cadenas de D – xilosa unidas por enlaces b – (1 → 4) que se obtienen por hidrólisis de xilano presente en la hemicelulosa. En algunos casos presentan sustituyentes como ácidos urónicos, grupos acetilo y residuos de arabinosa.
Estudios in vitro e in vivo, tanto en animales como de intervención en humanos, han puesto de manifiesto que los XOS tienen efecto bifidogénico. Además, se les atribuyen otras propiedades, incluyendo la reducción de los niveles de glucosa, colesterol total y LDL en pacientes con diabetes mellitus tipo 2, actividad antimicrobiana y actividad inmunomoduladora.
Lactosacarosa: es un trisacárido no reductor que se usa como edulcorante artificial. Es resistente a la digestión en el estómago e intestino delgado y en estudios realizados in vivo con animales se ha demostrado que su ingesta aumenta el número de bifidobacterias – y en algunos casos lactobacilos – y hace descender algunos clostridios incluido el Clostridium perfringens y estafilococos spp, aunque faltan estudios de mayor alcance para su reconocimiento definitivo como prebiótico.


