El modelo de las 10C para el cuidado de las personas mayores, fue desarrollado por la Fundación Santa Sofía en el año 2023, constituye una propuesta conceptual que articula competencias de conocimientos, actitudes, emociones y relaciones esenciales para promover un cuidado digno, humano y eficaz. Este enfoque se fundamenta en principios éticos y psicológicos que reconocen la complejidad del proceso de cuidar, y busca dotar a cuidadores formales e informales de una guía clara para la práctica cotidiana. En el siguiente video, se describen los diez elementos clave del modelo, que a la vez, son el marco para el desarrollo de las competencias para el cuidado.
En el siguiente gráfico, están detallados los componentes y competencias definidos en el modelo 10C para el cuidado de las personas mayores.
El modelo de competencias 4C para cuidadores de personas mayores o con enfermedades crónicas se basa en cuatro pilares fundamentales: Conocimiento, Comunicación, Compasión y Cuidado de uno mismo. A continuación, se describe cada competencia, su importancia y la evidencia que sustenta este enfoque.
1. Conocimiento
El pilar conocimiento comprende la formación teórica y práctica acerca de las condiciones de salud más frecuentes en personas mayores o con enfermedades crónicas, así como el dominio de las técnicas de cuidado y los protocolos de seguridad.
Un cuidador informado está mejor preparado para reconocer signos de alerta temprana, por ejemplo, síntomas de deshidratación, alteraciones en la presión arterial o cambios conductuales asociados con demencia) y responder de manera oportuna y adecuada.
2. Comunicación
La comunicación efectiva involucra tanto la habilidad de escuchar activamente como la de expresar información de forma clara y empática. En el contexto del cuidado, una buena comunicación promueve la confianza mutua, facilita la cooperación y contribuye al bienestar emocional de quien recibe el cuidado.
3. Compasión
La compasión en el cuidado implica reconocer el sufrimiento o la vulnerabilidad de la persona cuidada y responder con empatía, respeto y calidez. Esta competencia cobra especial relevancia en las situaciones donde el dolor crónico, la soledad o la dependencia física provocan un desgaste emocional tanto en el cuidador como en quien recibe el cuidado.
4. Cuidado de uno mismo
El cuidado de uno mismo es esencial para evitar la fatiga física y mental que puede derivarse de la labor de cuidado. El síndrome de desgaste del cuidador, suele manifestarse cuando no se establecen límites adecuados o no se buscan apoyos que permitan manejar el estrés acumulado.
Las competencias pueden definirse como un “conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes” que permiten a los cuidadores brindar una atención efectiva, segura y con empatía a las personas mayores o con enfermedades crónicas.
En el campo de la gerontología, el término “competencias” se refiere no solo a la capacidad de realizar tareas básicas de cuidado, sino también a la comprensión global de la situación de quien recibe ayuda, a la comunicación asertiva con el entorno familiar y profesional, y a la habilidad para manejar el propio bienestar emocional del cuidador.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, las exigencias del envejecimiento demográfico y de las enfermedades crónicas requieren cuidadores cada vez más preparados, más capaces de adaptarse a la complejidad de las necesidades y a los cambios constantes en la salud y en el contexto social de las personas mayores (OMS, 2015).
Fortalecer estas competencias es fundamental, tanto para asegurar una atención de calidad como para prevenir el desgaste emocional y físico de quien ejerce el cuidado. La falta de preparación, la sobrecarga de tareas o el desconocimiento de técnicas específicas no solo afectan la seguridad de la persona que recibe el cuidado, sino que también conducen a situaciones de estrés crónico y burnout en el cuidador.
Por el contrario, la formación continua y la práctica de habilidades como la comunicación empática, la resolución de problemas y el manejo de recursos comunitarios reducen el riesgo de sobrecarga física y mental, promueven un cuidado centrado en la dignidad y en la autonomía de la persona mayor. En ese marco, fortalecer las competencias de los cuidadores es un factor determinante para mejorar la calidad de vida de quienes necesitan apoyo y para proteger la salud integral de quienes dedican sus esfuerzos a brindar ese acompañamiento.
Resalta los elementos que te llamen la atención en el siguiente gráfico que resume el panorama general del cuidado, con el fin de profundizar en ellos en los siguientes módulos, anótalos en tu libreta de notas para ampliar los conceptos.
La clasificación de los cuidadores puede variar según el criterio que se utilice para su categorización, ya sea en función de su relación con la persona a quien cuidan, la naturaleza de su labor (remunerada o no remunerada), el nivel de especialización o la intensidad de la atención que brindan. A continuación, se presentan los tipos más comunes:
1. Según la relación con la persona cuidada
Cuidador familiar o informal: Es aquel que proporciona cuidados de manera no remunerada, generalmente un pariente directo (hijo, hija, cónyuge) o un amigo cercano. Se estima que a nivel mundial entre un 70% y 80% de la atención a personas mayores o con enfermedades crónicas recae en cuidadores familiares (OMS, 2015).
Cuidador profesional o formal: Se trata de una persona contratada o asignada por una institución para proporcionar cuidados con un grado de formación en áreas relacionadas con la salud o la asistencia social (por ejemplo, auxiliares de enfermería, trabajadores sociales o personal de ayuda a domicilio).
2. Según la dedicación y/o remuneración
Remunerados: Reciben un salario o compensación económica por los servicios prestados. Pueden trabajar de forma independiente o estar vinculados a instituciones de cuidado (clínicas, asilos, hospitales, agencias de atención domiciliaria).
No remunerados: Ofrecen su tiempo y esfuerzo sin recibir una compensación directa. La mayoría de cuidadores familiares se ubican en esta categoría, aunque también hay voluntarios en organizaciones comunitarias o religiosas.
3. Según la intensidad y la responsabilidad en el cuidado
Cuidador primario: Es la persona que asume la mayor parte de las tareas de cuidado y tiene la principal responsabilidad de coordinar los servicios y vigilar la salud de quien recibe atención. Por ejemplo, un hijo que vive en el mismo hogar con su madre mayor y se encarga de suministrar medicamentos, llevarla a citas médicas y supervisar su alimentación.
Cuidador secundario o de apoyo: Proporciona ayuda eventual o complementaria. Puede reemplazar al cuidador primario cuando este necesita descanso o tiempo para sus otras actividades. Un ejemplo sería otro familiar que releva al cuidador principal durante los fines de semana.
4. Según el nivel de especialización
Cuidadores con formación específica: Aquellos que han recibido capacitación formal para atender las necesidades de las personas mayores o con enfermedades crónicas. Dentro de este grupo se incluyen profesionales de la salud como enfermeros/as, terapeutas ocupacionales o auxiliares geriátricos.
Cuidadores con formación empírica: Carecen de una preparación académica formal en cuidado, pero adquieren conocimientos de manera práctica. En muchos casos, los familiares se convierten en expertos empíricos al atender a largo plazo a un ser querido con necesidades especiales.
Ejercicio
Identifica las características de cada uno de los tipos de cuidadores.
De acuerdo con lo anterior: ¿Qué tipo de cuidador eres?
¿Qué elementos consideras que podrían mejorar tu condición de cuidador?
De manera general, los cuidados que se realizan al interior de los hogares pueden ser de 3 (tres) tipos, según las actividades que comprenden y las relaciones interpersonales que se establecen entre quienes los proveen y quienes los reciben: directos, indirectos y pasivos. Veamos a continuación, cuáles son las características más importantes de cada una de las categorías de cuidado.
Reflexiona
Piensa unos instantes acerca del tipo de cuidado que prestas y cuáles son las implicaciones del mismo para tu vida personal en términos de tiempo, dedicación laboral, carga de trabajo, satisfacción con el acto de cuidar, relaciones personales y otros aspectos que consideres importantes en el desarrollo de tu labor.
Revisa este video e identifica los elementos más importantes para entender la realidad del cuidado en la sociedad actual y el marco de referencia para convertirse en una persona que cuida, con la efectividad, calidad y seguridad que demanda el proceso.
Reflexiona
Piensa unos instantes en el compromiso y la responsabilidad que asume una persona que cuida de otra, incluyendo lo que representa para su vida personal, las funciones que asume y los conocimientos y las habilidades que implica esta decisión.
En las siguientes cápsulas de conocimiento vamos a desarrollar en detalle, cada uno de estos temas y a profundizar en las implicaciones que tienen para la vida de las personas involucradas en una relación de cuidado.