Muchas personas preguntan si el cáncer es una enfermedad hereditaria y preguntan si ese carácter de “hereditaria” tiene que ver con problemas en los genes.
En ese sentido, el primer concepto que se debe tener en cuenta es que el origen del cáncer suele darse por alteraciones en el genoma de las personas, por lo que se trata de una enfermedad genética, que no es lo mismo que hereditaria, ya que dichos cambios, conocidos el el lenguaje médico como mutaciones, pueden ser heredados o adquiridos.
El cáncer ocurre a causa de cambios en los genes que controlan la manera en que las células se forman y se multiplican. Cada célula contiene una copia de los genes de la persona, que le sirve de manual de instrucciones, el cual puede modificarse por:
Herencia de los padres
Errores casuales en los genes durante la multiplicación de las células
Alteraciones en los genes por exposición a agentes cancerígenos en el ambiente, como sustancias químicas en el humo del tabaco, rayos ultravioleta del sol yel virus del papiloma humano, entre otros..
A pesar que muchos tipos de cáncer son prevenibles o tratables, esta enfermedad sigue siendo una de las causas más importantes de muerte alrededor del mundo, con varios millones de personas fallecidas en el último año y una gran de sufrimiento físico y psicológico para los pacientes y sus familias.
En este video, Juan Carlos Morales Ruiz, médico de cabecera, presenta algunas consideraciones para abordar esta pregunta e iniciar esta aventura del conocimiento en el mundo de la salud y la enfermedad.
Se estima que hubo 20 millones de casos nuevos casos de cáncer y 10 millones de muertes por esta causa en el 2.022 y que la carga de esta enfermedad aumentará en un 60% durante las próximas dos décadas, con unos 30 millones de casos para el 2040, con un mayor crecimiento en países de ingresos bajos y medianos.
Aunque la frecuencia del cáncer es mayor en personas ancianas, entre el 30% y el 40% de los casos se presentan en adultos jóvenes o maduros, por lo que es importante dar a conocer y evitar los factores de riesgo e identificar las señales de alarma, con el fin de consultar oportunamente en caso de sospecha de un tumor maligno.
El cáncer es una enfermedad por la que algunas células del organismo se multiplican sin control y se diseminan a otras partes del cuerpo. En condiciones normales, las células se forman y se multiplican, mediante un proceso que se llama división celular, para formar células nuevas a medida que el cuerpo las necesita.
Cuando las células envejecen o se dañan, mueren y las células nuevas las reemplazan, sin embargo, en algunas ocasiones, el proceso no sigue este orden y las células anormales o células dañadas se forman y se multiplican cuando no deberían. Estas células pueden dar origen a tumores, que son bultos de tejido, benignos (no cancerosos) o malignos (cancerosos).
Los tumores cancerosos pueden invadir los tejidos cercanos o viajar más lejos, a otras partes del cuerpo y formar nuevos tumores, un proceso que se llama metástasis y que en la mayoría de los casos, se da en fases avanzadas de la enfermedad, con consecuencias de mayor gravedad, por lo que es importante la detección temprana y el tratamiento oportuno de esta condición.
Sufrimiento y dolor, en la medida en que forman parte de la realidad subjetiva de las personas, se asocian a algún tipo de experiencia desagradable y no son realidades que se puedan distinguir tan fácilmente.
Las causas del sufrimiento son muy variadas. Amenábar (2016) expone que el alivio del dolor físico puede lograrse con tratamientos farmacológicos en la mayoría de las ocasiones. Sin embargo, el sufrimiento es más complicado de paliar, ya que las causas que lo determinan son muy variadas. Además de los constructos propios de la enfermedad, existen diversos factores que generan sufrimiento:
1. Desconocimiento de la enfermedad. En el caso de conocerla, su tratamiento y su pronóstico producen un alivio importante.
2. Comunicación: la persona enferma experimenta, en ocasiones, falta de comunicación con las personas que la rodean, ya sean familiares, cuidadores o personal sanitario. Esa situación produce desasosiego, soledad, incertidumbre…, que es igual a sufrimiento. De ahí la importancia de una escucha activa y de cierto grado de comprensión.
3. Tratamientos exagerados con aparatología tecnológica muy avanzada que pueden olvidarse del paciente abandonándolo al uso de las máquinas, fármacos u otros dispositivos análogos.
4. La familia es el ámbito donde el enfermo a veces se siente como una carga, otros se sienten abandonados en el hospital, en la residencia o en el hogar. Toda esta sensación de abandono, enfermedad o invalidez es caldo de cultivo para el sufrimiento.
Por su parte, Lemus (2010) habla de cuatro “fuentes principales” de las que provienen las rupturas, pérdidas que llevan al sufrimiento:
1. Desgracias o pérdidas (provocadas por un duelo y unidas a la soledad correspondiente y las pérdidas físicas como dolor somático crónico y minusvalías).
2. La miseria y la pobreza (las cuales provocan una insatisfacción permanente, se incluyen dificultades económicas, carencias educativas y afectivas, entre otras).
3. La culpa es otra fuente principal de sufrimiento. Se entiende por culpa todo aquello que implica un autoconcepto negativo, una infidelidad con los propios proyectos para la existencia y un alejamiento de esta que conlleva el desgaste y daño profundo.
4. La maldad es parte constitutiva del desamor y supone alejamiento, fraccionamiento y desunión. La maldad alberga un conjunto de entidades que pueden alterar, romper, destruir, desestructurar la propia existencia humana, y es, inevitablemente, fuente de sufrimiento.
Se aprecia cómo las causas que llevan al hombre a sufrir son amplias y distintas según la persona. En la etiología del sufrimiento influyen factores íntimos a los que es difícil llegar sin un adecuado clima de confianza. El sufrimiento es tan profundo como el ser humano, pues manifiesta su trascendencia. La única forma de conocer la intensidad y el sufrimiento de otra persona es que ella misma nos revele la realidad que le hace sufrir (Bayés, 1998).
Basándose en las conversaciones y argumentos que exponen en su obra Vilardell et al. (2011), a cualquier persona le gustaría poder hacer el camino de la vida sin tener ningún tipo de dolor o sufrimiento. ¿Eso sería posible? Según estos autores, la respuesta es negativa. El dolor y el sufrimiento a lo largo de la vida son un hecho consustancial a la misma. Si las variables de la vida fueran controlables, no habría sufrimiento, pero hay muchas de ellas que son incontrolables.
El sufrimiento pueden causarlo diversos motivos, hay personas que nacen con una determinada carga genética, con mutaciones específicas que hacen que desarrollen una enfermedad concreta, la cual supondrá problemas físicos, psicológicos o de otra índole. Se puede pensar que habrá un proceso de adaptación y que esa persona lo tendrá más difícil.
En el caso de un individuo en silla de ruedas por parálisis, el cual tiene un desarrollo cognitivo normal y una falta de funcionalidad física, podemos preguntarle cómo está. Y puede responder que se encuentra bien, que no tiene sufrimiento. Cabe pensar que se ha adaptado a una forma de vivir y que su pensamiento venció una emoción determinada.
Otras personas sufren por el lugar donde viven; por circunstancias de su entorno: hambruna, violencia, asesinatos, guerras, catástrofes naturales o falta de cariño, entre otras. Hay casos de menores de edad que se han quedado solos, sin padres, en situación de pobreza y exclusión. Pérdidas sensibles se unen a una serie de situaciones subjetivas, inherentes a la vida, que producen sufrimiento.
La sociedad vive al margen de estos procesos, que no digiere, y piensa que nunca le puede afectar una situación sufrimiento o dolor ya sea físico, psíquico o social: está equivocada. Quizás la experiencia social vivida, con la extensión de la pandemia de COVID – 19 puede ilustrar mejor estas controversias y diferentes concepciones. De hecho, uno de los valores más importantes de la sociedad es la capacidad de adaptación y la experiencia de aprendizaje que supone la situación que produce sufrimiento.
El sufrimiento puede deberse a una enfermedad física para la cual existen soluciones farmacológicas, pero la cuestión es más trascendente. Por ejemplo, el dolor físico con pérdida de autonomía no implica dolor en dicha pérdida, aunque la persona no pueda caminar, no sea autónoma y necesite apoyo. Esta es una de las variantes de ese dolor emocional. Sin embargo, el miedo, la verbalización de la necesidad y la soledad del envejecimiento suponen e implican sufrimiento.
Sufrimiento y dolor son conceptos diferenciados. Sufrimiento es un concepto más amplio que dolor. El dolor puede ser una de las causas del sufrimiento, pero también provocan sufrimiento las pérdidas, el miedo a la muerte, el carecer de control sobre algo para lo que se te han agotado los recursos. Cuanto mayor sea la importancia y menor el control, más se sufrirá.
Según Vilardell et al. (2011), “cuando sufres por el de enfrente, (no por personas del entorno de tu núcleo), es un sufrimiento de segundo nivel; se acepta, pero no se incrementa. Eso será sensibilidad o afecto, pero no debe confundirse con sufrimiento”.
Continúa explicando el autor que aquellas personas que han tenido pérdidas irreparables de cónyuge, hijos, padres, familiares o amigos muy próximos, producidas por enfermedades graves, pueden enfermar con más frecuencia, que las personas que no las han tenido. Igualmente, personas que han perdido su trabajo y que estaban muy vinculadas a él, enferman también mucho más, ya que, en su caso, se trata de un sufrimiento psíquico que afecta lo orgánico y provoca una alteración estructural, no funcional.
Ho et al. (2015) explican que tanto el dolor como el sufrimiento son inherentes, consustanciales al ser humano, y, en un momento u otro, pueden aparecer en la vida de las personas. Aun siendo conceptos de uso común, es una tarea ardua definirlos, medirlos, diferenciarlos y gestionarlos, para así tener un mayor bienestar a lo largo de la vida.
Distinguir unívocamente entre ambos fenómenos es complejo y constituye una ardua tarea. No se ha encontrado aún un modo consensuado de distinción entre dolor y sufrimiento, ya que ambos son de naturaleza inmaterial, no son realidades tangibles, pues ambos conceptos constituyen partes de la persona desde una dimensión subjetiva. Siguiendo con Ho et al. (2015):
“Muchos tipos de dolor provocan sufrimiento, aunque dolor y sufrimiento algunos autores los describen como conceptos distintos, están inseparablemente vinculados. Aunque el dolor no sea una condición necesaria para el sufrimiento, reconocen que el sufrimiento puede exacerbar el dolor, el sufrimiento relacionado con el dolor si se produce y los profesionales de la salud deben evaluar ambos”
Por otra parte, Cassell (2004) sostiene que el dolor es de carácter fisiológico y el sufrimiento tiene un enfoque más existencial, aunque la naturaleza subjetiva del sufrimiento, como la del dolor, lo hace de difícil abordaje. El autor argumenta que el sufrimiento es personal, se percibe “como una amenaza para la continuidad de la existencia de las personas, no solo para sus vidas, sino también para su integridad como personas”.
Sin embargo, Ho et al. (2015) manifiestan que estos debates sobre el sufrimiento están vinculados de forma estrecha al concepto de dignidad humana, sobre todo cuando se hace referencia a los cuidados paliativos, contexto en que se debe procurar el alivio del dolor y el sufrimiento en aras de la dignidad al final de la vida, y también, como deber ético y profesional.
Como se mencionó anteriormente, el concepto de persona está ligado al de singularidad y desde esa perspectiva, cada personas es única, original, irrepetible e impredecible, una suma de características comunicables, que incluyen una personalidad, un ánimo, una forma de actuar y de sentir.
Así las cosas, definir los tipos de personas es una tarea de gran complejidad y bajo nivel de precisión, por lo tanto, en este apartado, vamos a presentar de forma breve y concisa, una clasificación de las personas basada en el modelo DISC, una herramienta creada por William Moulton Marston, en la que se completan una serie de preguntas con el objetivo de conocer detalles acerca de la personalidad y el comportamiento del individuo.
Dominancia (Color rojo)
Son personas fácilmente identificables por la determinación de sus palabras, son claros y concisos, son seguros de sí mismos y persistentes. En un mal día podrían resultar intolerantes y comunicarse de manera agresiva, quieren respuestas rápidas y directas sin entrar en detalles.
Su comunicación con ellos/as será más fructífera si se muestra seguro, establece un contacto visual directo y presenta alternativas para que él/ella tome la decisión final. Hablar en términos de “lo que se va a conseguir” ayuda a captar su atención.
Influencia (Color amarillo)
Se caracterizan por su entusiasmo, hablan rápido y suelen saltar de tema en tema contando mucho sobre ellos mismos y sus experiencias, son expresivos y muy activos. Para una comunicación exitosa con ellos hay que mostrarse cercano/a y amigable. Les gusta la espontaneidad, que les pregunten por las últimas cosas que han estado haciendo (más en el plano informal que formal) y valoran mucho el sentido del humor y gestos expresivos.
Estabilidad (Color verde)
Las reconocemos por su tono de voz relajado, son apacibles y evitan el conflicto, gesticulan de manera muy discreta y utilizan un tono de voz suave y cálido. Si queremos acercarnos a ellos/as debemos ser auténticos y sinceros ya que aunque no sean suspicaces, tienen una buena capacidad para detectar la manipulación o las malas intenciones. Debemos adaptarnos a su ritmo pausado y transmitir seguridad, dejándoles claro cuál es su papel concreto en los asuntos en los que se les involucra.
Cumplimiento (Azul)
Mantienen las distancias, hablan únicamente si tienen algo que decir y apenas gesticulan. Suelen tener una corporalidad rígida y se basan en datos para recabar toda la información disponible y emitir una opinión. No les convence aquello que no pueden comprobar por sí mismos. Para adecuarnos a la forma de comunicarse de este segmento del cuadrante, deberíamos preparar con antelación lo que vamos a decir, ser concretos y no utilizar un lenguaje demasiado personal.
En resumen:
🔴🟡 D + I: Personas con una velocidad de decisión rápida.
🟢🔵 S + C: Personas con una velocidad de decisión más lenta y reflexiva.
Al mismo tiempo:
🔴🔵 D + C: Perciben el entorno de manera desfavorable.
¿Es posible definir a todos los tipos de pacientes que atendemos cada día?
Es complicado, ya que cada persona es una entidad única, diferente, original e irrepetible. Sin embargo, es necesario generalizar para tratar de comprender a los diferentes perfiles y brindarles el trato que necesitan cada uno de ellos.
En este sentido es importante aceptar dos claves esenciales:
No hay una tipología que permita evitar algunos errores a la hora de evaluar a nuestros pacientes. Lo que sí podemos hacer es reducir el margen de error, y también los juicios instintivos e intuitivos sobre ellos.
Las personas no tienen una personalidad estática. Un paciente puede comportarse de una forma un día, y hacerlo de un modo distinto en otro momento. Por lo tanto, no se debe «etiquetar» a un paciente de por vida.
No hay dos pacientes iguales. Sin embargo, cuanto más tiempo trabajamos en el área de la salud, más notamos los patrones en los tipos de pacientes que tratamos. Unos nos hacen reír, algunos nos hacen llorar y otros nos hacen cuestionar las razones por las que elegimos este trabajo.
Como se mencionó anteriormente, el concepto de persona está ligado al de singularidad y desde esa perspectiva, cada personas es única, original, irrepetible e impredecible, una suma de características comunicables, que incluyen una personalidad, un ánimo, una forma de actuar y de sentir.
Así las cosas, definir los tipos de personas es una tarea de gran complejidad y bajo nivel de precisión, por lo tanto, en este apartado, vamos a trabajar una clasificación de las personas basados en el modelo DISC.
Si aún no conoces el modelo DISC 🔴🟡🟢🔵, una metodología que permite categorizar el patrón de comportamiento de las personas, a continuación, compartimos algunos datos clave.
🔴 La persona que toma el control y nos desafía
Hay ocasiones en las que una persona entra a la consulta con una actitud decidida, sabe exactamente lo que quiere y tiene expectativas muy claras.
Es lo que, en la metodología DISC se llama un perfil D 🔴 (Dominante).
Estas personas se muestran impacientes, buscan soluciones rápidas y pueden desafiar consejos y recomendaciones. Son audaces, directas y centradas en los resultados, por lo que la eficiencia y la efectividad son cruciales. Valoran la competencia y quieren estar seguros de que toman decisiones óptimas para alcanzar sus metas.
¿Qué características tienen las personas con perfil D?
Comunicación directa: Piden información concisa, clara y transparente. Evita rodeos o detalles innecesarios. Presenta la información de forma estructurada y directa, poniendo en evidencia los puntos clave de cada argumento o recomendación.
Busca eficiencia: Prefieren soluciones rápidas y efectivas, y pueden mostrar impaciencia si sienten que se está perdiendo el tiempo. Anticípate a sus necesidades, mantén los tiempos de espera al mínimo y asegúrate de que todas las etapas del tratamiento estén lo más optimizadas posible.
Deseo de control: A menudo quieren tener voz y voto en las decisiones que afectan su salud. Aclara tus recomendaciones, pero también escucha sus opiniones y preocupaciones. Si entienden el razonamiento detrás de una sugerencia, es más probable que la sigan.
🟡 La persona que no para de hablar
Es la persona que entra a la consulta con una energía contagiosa, una sonrisa de oreja a oreja y siempre con una anécdota o chiste para compartir antes de sentarse en el sillón.
Este es un claro ejemplo de un perfil I 🟡 según la metodología DISC.
El perfil I (Influencia) es extrovertido, entusiasta y orientado a las personas. Les encanta la interacción y ser el centro de atención. Nos hablan de su último viaje o de la fiesta a la que asistieron el fin de semana pasado.
¿Qué características clave tienen los perfiles I ?
Comunicación abierta: Hablan tanto de sus preocupaciones como de sus experiencias.
Búsqueda de aprobación social: A menudo se refieren a lo que han escuchado o les han recomendado sus amigos o familiares.
Necesidad de entusiasmo: conectan con la alta energía y el entusiasmo, y esperan encontrar esa misma “chispa” en los demás. Al abordar su plan de tratamiento, un enfoque positivo conectará con ellos. Esto no significa ignorar los posibles desafíos, sino más bien presentarlos en un marco de superación y oportunidad.
Cuando sienten que el profesional que tienen delante comparte ese entusiasmo, no solo se sienten comprendidos, sino también más inclinados a seguir sus recomendaciones y consejos. Es esencial para ellos sentir que hay una luz al final del túnel y que, con tu acompañamiento y ayuda, alcanzarán un resultado favorable.
🟢 Las personas “enigmáticas”
¿Alguna vez te has encontrado con una persona que parece ser todo un misterio? Este tipo de persona, a menudo tranquila y reflexiva, valora la armonía y una relación cercana con el profesional de la salud.
Este perfil de la metodología DISC corresponde a un perfil S 🟢 (Sereno).
¿Qué características clave tienen los perfiles S)
Características clave y cómo tratarlos:
Pacientes y leales: Valoran una relación a largo plazo. Demuéstreles que están en buenas manos y que siempre estará ahí para ellos. Será útil hablarles de los años de experiencia o del tiempo que tiene el equipo de haberse conformado y estar trabajando juntos.,
Evitan conflictos: Presta atención a las señales no verbales y a las pistas sutiles que puedan dar sobre sus preocupaciones o inquietudes, ya que no son demasiado expresivos. Parece que ni sienten ni padecen pero, simplemente, es que no lo expresan con palabras.
Necesitan tiempo: Dales el espacio necesario para reflexionar sobre tus recomendaciones. Una simple frase como “Tómate el tiempo que necesites, estoy aquí para ayudarte” puede marcar la diferencia.
🔵 La razón oculta tras los pensamientos
Una persona que quiere conocer hasta el más mínimo detalle, que pregunta por la garantía y le pide el paso a paso del procedimiento, probablemente sea un perfil C, alguien que necesita reflexionar mucho y procesar la información a fondo antes de tomar una decisión. No es desconfianza “personal”, sino su manera natural de procesar decisiones importantes.
Así las cosas, a grandes rasgos:
🔴🟡 D + I: Personas con una velocidad de decisión rápida.
🟢🔵 S + C: Personas con una velocidad de decisión más lenta y reflexiva.
Al mismo tiempo:
🔴🔵 D + C: Perciben el entorno de manera desfavorable.
🟡🟢 I + S: Lo perciben de manera favorable.
Y aunque ahora mismo parezca un gran jeroglífico o el juego del parqués, es importante reconocer cada patrón y adaptar la comunicación y la actuación al estilo de cada uno, para conectar con los diferentes tipos de personas.