Probióticos y sistema inmune
El sistema inmunológico es capaz de responder a diversos estímulos mediante distintos mecanismos que se encentran englobados en las respuestas del sistema inmune innato y del sistema inmune adaptativo. 1, 2
Los mecanismos empleados por el primero son inmediatos y reconocen estructuras moleculares comunes en diferentes grupos de microorganismos exógenos (patrones moleculares asociados a patógenos), incluyéndose en esta categoría mecanismos como la fagocitosis, la citotoxicidad y el estallido respiratorio, que además de constituir la primera línea de defensa, pueden activar los mecanismos de la respuesta inmune adaptativa.1, 2
Por otra parte, la respuesta inmune adaptativa reconoce de manera específica aspectos moleculares más detallados dentro de la estructura de los diferentes microorganismos; de tal manera que estos mecanismos pueden activarse y dirigirse contra un microorganismo de género y especie particular. 1, 2
Los elementos que participan en este tipo de respuesta, se generan de novo en la mayoría de los casos, a medida que se produce la exposición del organismo a un nuevo estimulo, sin embargo, en el caso de verse expuestos a estímulos previos, pueden generarse de manera acelerada, mediante el mecanismo de memoria inmunológica, disminuyendo el tiempo que toma la respuesta. (Figura 1)

El sistema inmune innato (SII) es la primera línea de defensa del huésped. Posee mecanismos pre-existentes que se activan de manera rápida y que preceden a la Inmunidad Adaptativa en la respuesta defensiva. El SII responde de la misma manera frente a diferentes estímulos infecciosos y posee una especificidad limitada, es decir, distingue estructuras comunes a grupos de microrganismos y no distinguir diferencias finas entre ellos.
Por su parte, el sistema inmune adaptivo (SIA) está presente en los vertebrados, es específico para distintas moléculas y se caracteriza por mejorar la capacidad defensiva frente exposiciones sucesivas, estando fundamentada su actividad en los linfocitos B y T que se activan frente a los antígenos (sustancias que inducen respuestas inmunes específicas), por lo que existen dos tipos de respuesta de defensa adquirida: inmunidad humoral e inmunidad celular, que pueden observarse en la figura 2.

Efecto de los probióticos en el sistema inmune
El interés científico que se tiene sobre el uso de probióticos y prebióticos, está íntimamente vinculado al aumento en la comprensión del sistema inmune y los procesos biológicos y bioquímicos que ocurren en el intestino, los cuales estimulan, regulan e inducen diversos efectos biológicos en el sistema inmunológico a través de la interacción que se tiene localmente con el tejido linfoide asociado a intestino (Gut Associated Lymphoid Tissue – GALT).
“La evidencia reciente sugiere que el intestino desempeña un papel muy importante en los mecanismos de tolerancia y mantenimiento de la memoria de la respuesta inmune en el organismo”
Aunque los mecanismos de acción de los probióticos no se han aclarado por completo, las principales conclusiones de los estudios realizados hasta la fecha sugieren que pueden estar relacionados con cambios cuantitativos en la microbiota del intestino, cambios en el metabolismo e inactivación de compuestos tóxicos derivados de la microbiota nociva, fermentación de la comida sin digerir – especialmente carbohidratos -, cambios de pH a nivel intestinal y modificación de la relación CO2/O2, entre otros.
El intestino permanece estéril hasta el momento del nacimiento, posteriormente es colonizado con diferentes microorganismos, constituyendo lo que se conoce como microbiota, integrada principalmente por anaerobios facultativos provenientes de la microbiota de la madre.
Sin embargo hay diversos factores que influyen sobre la colonización de intestino del recién nacido, incluyendo la forma de nacimiento (cesárea o parto natural), el tipo de alimentación al nacimiento (leche materna o fórmulas maternizadas y más adelante el proceso de ablactación.
Se han encontrado diferencias importantes en la microbiota intestinal de los recién nacidos que son alimentados con leche materna exclusiva, en estos niños predominan las bifidobacterias y los lactobacilos, mientras que los niños que son alimentados con fórmulas tienen una variedad más amplia de microorganismos, incluyendo bifidobacterias, clostridium, bacteroides y estreptococos), esto debido al contenido de oligosacáridos en la leche materna, entre los que destaca la lactosa, que favorecen el desarrollo de microorganismos de los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium.
La presencia de las bacterias de estos dos géneros en los primeros seis meses de vida del lactante permite que se activen varios fenómenos trascendentales:
- Generación de las condiciones de microambiente favorables para que se desarrollen las bacterias benéficas y al mismo tiempo que la actividad metabólica de esta microbiota impida el desarrollo de bacterias patógenas.
- Establecimiento de las condiciones de homeostasis del intestino recién colonizado que permitan el desarrollo de la tolerancia inmunológica a la microbiota y a elementos moleculares presentes en la pared celular de las bacterias.
- Generación de las condiciones para lograr una transición y adaptación a los cambios en la microbiota como consecuencia de cambios de dieta que suelen concluir entre los 12 y 18 meses de vida.
Diversos grupos de investigación han evidenciado el papel de la microbiota en la fisiología del intestino y han descrito algunos de los mecanismos inmunológicos que regulan el funcionamiento del mismo, entre los que destacan:
- Incremento en la cantidad y función de los linfocitos Treg.
- Maduración de células dendríticas.
- Inducción de la secreción de IL-10 en esta población celular, 4) la
- Regulación del balance entre las respuestas tipo Th1/Th2 por la presencia de IL-10 o por la señalización a través de TLR inducida por los motivos ricos en CpG.
- Señalización de TLR – 2 y TLR – 4, de las cuales se ha demostrado que contribuyen a la recuperación de la integridad y función del intestino en modelos de daño intestinal.
En resumen, la microbiota intestinal juega un papel fundamental en las vías de señalización de los ejes intestino – cerebro, intestino – pulmón e intestino – hígado, para la inmunidad innata y adaptativa, mediando la homeostasis inmunitaria y metabólica.3
Se ha atribuido una intrincada correlación entre los cambios en la microbiota intestinal (disbiosis) y enfermedades/trastornos comunes a la invasión de patógenos, el uso constante de antibióticos y la hipercitoquinemia, un sello distintivo del desequilibrio de la homeostasis inmunitaria, factores que contribuyen a la gravedad de las enfermedades inflamatorias, entre las que se incluyen las patologías cardiovasculares, los trastornos neurológicos y en los últimos dos años, la COVID – 19.3
Los probióticos (Lactobacillus spp. y Bifidobacterium spp.) se han considerado como tratamientos alternativos y/o adyuvantes para restablecer el equilibrio de la microbiota intestinal y mantener la homeostasis y la integridad inmunitarias, mediante la canalización de fibras y proteínas dietéticas para generar ácidos grasos de cadena corta y triptófano, promoviendo la síntesis y liberación de citoquinas antiinflamatorias, disminuyendo la permeabilidad del epitelio, reforzando la inmunidad en la mucosa intestinal y regulando la respuesta inmune sistémica.3


